Las rabietas son normales, sanas y necesarias. Lo difícil es manejarlas sin perder la cabeza.
Reconocer: 'Veo que estás muy bravo.' Validar: 'Tiene sentido, querías eso y no se pudo.' Acompañar: Estar cerca sin invadir. Esperar: No es momento de dar lecciones. Reparar: Cuando pase, un abrazo y conversamos.
Un niño que aprende a manejar sus emociones hoy va a ser un adulto sano mañana. Tu paciencia vale oro.

